Volver
Volver, sí, volver, como en la película de Almodóvar, volver al lugar de donde eres, allí donde naciste, creciste, te hiciste persona y del que decidiste salir.
Poco se habla de aquellos que regresan, los “retornados”, sí se habla sin embargo de la inmigración o emigración, pero dónde estamos nosotros, los que hemos pasado por esos dos procesos: volar del nido para llegar a un lugar donde te miran mal y después de haber vivido eso durante un tiempo, uno, dos, cinco, diez, veinte...años, regresar a la casilla de salida, ese lugar que ha dejado de ser tu nido que ha cambiado, o no, para bien o para mal, al que vuelves con toda la ilusión habiendo idealizado ese regreso. Ese nuevo pero viejo modo de vida, donde todo el mundo está esperándote con los brazos abiertos, la familia, los amigos, las ofertas laborales, las casas, no, mejor no hablemos de las casas… Ese lugar en el que siempre hace sol y se come bien, aunque hayamos pasado una Dana y el precio de la comida en Mercadona haya subido un 300%.
Que poquito se habla y que poquito nos quejamos, que poco ruido hacemos. Nadie nos echa cuentas, ni hay manos a las que agarrarse, con lo que cuesta volver a empezar. Registrarse, coge cita, no hay citas, certificado digital, coge cita, no recuerdo que fuera así cuando me fui, ahora la clave permanente, vete al Prop, vuelve a coger cita, seguridad social, alta en el Servef, ¿o es Labora?, te falta esta App y esta otra, la cuenta del banco que no se te olvide y pide cita, necesita cita previa señora... y así en bucle durante un tiempo determinado dependiendo, ya sabes, de las citas, mientras tu cabeza y tu cuerpo van como una lavadora y todavía no han aprendido en que cama se levantan por las mañanas. ¡Ay las mañanas! A todo esto solo te queda apoyarte en aquellos amigos que volvieron antes que tú y saben por lo que estás pasando, “los retornados” los llamaría y no somos pocos.
Pues sí, cuando idealizabas tu vuelta al nido no imaginaste que fuera así, seguramente esperabas una red ahí donde caer, que amortiguara el golpe que suponía, pero esa red es la que tú ibas construyendo, aquella que ibas tejiendo cuando vivías fuera, a veces solo, a veces bien, a veces no tan bien, haciéndote el fuerte e hilando sin darte cuenta esa red para que al volver supieses qué hacer.
Dice la revista Traveller: “Llamamos choque cultural inverso a las dificultades emocionales que acompañan a aquellos emigrantes que deciden retornar a su tierra. Es comparable a una segunda migración y, por lo tanto, conlleva la elaboración de un nuevo duelo, el duelo por las cosas que se dejan en el país de acogida”.
«Volver, con la frente marchita, las nieves del tiempo, platearon mi sien».
Berlinchón.
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