Próximo destino...

 Hoy vengo a hablaros del “volver”, sí se que de esto venimos hablando todo el rato, pero no me refiero a volver al lugar de origen, sino de cuando vuelves a pisar por primera vez el lugar que dejaste. Como escribí en el último post uno de los consejos que me dieron para sobrellevar el “retorno” era visitar a menudo aquella que fue mi casa durante diez años con tal de no echarla de menos y amortiguar la morriña. Por desgracia en mi caso, no pudieron darse estas visitas frecuentes por circunstancias tales que ha sido este verano, diez meses después que he podido visitar por fin Berlín. ¿Cómo explicarlo? Fue un cúmulo de emociones, pensé que iba a pasarme los días llorando cada vez que pasase por ciertos lugares impregnándolo todo de romanticismo dramático, pero lo cierto es que lo disfruté más de lo que pensaba. El hecho de ir con suficiente tiempo, doce días, hizo que pudiera quedar con mucha gente, hacer planes de todo tipo, disfrutar del barrio, pasear, ir de compras, hacer planes culturales, ir a mis bares favoritos, bailar, en fin… todo lo que me apetecía.


Soy totalmente consciente que este “primer encuentro” podría haber sido totalmente distinto. Ayudó que a pesar de ser verano el clima era regular y me acordé de por qué me había vuelto y lo feliz que estaba siendo este verano en Valencia disfrutando del mar. Me quedé con una buena sensación, sin mucha tristeza de vuelta, tuve incluso mis momentos a solas reflexionando como me sentía allí mientras tomaba café en sitios a los que solía ir e incluso en algunos nuevos que he añadido a la lista. Disfruté de no acabarme la ciudad y de tener siempre ganas de volver.

No se me ha pasado, todavía hay días que el corazón me da un respingo si pienso que ya no vivo allí; que saldré a la calle pero que esa calle no será mi calle. Aún se me hace raro pero los días pasan y la nueva normalidad es eso: una nueva normalidad, donde el cielo es azul todos los días, ¡y qué cielo!

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